Dormir y soñar en la realidad y en la tradición

 

En el sueño hay dos fenómenos distintos: uno el acto de dormir, o sea aquel en que todos los órganos del cuerpo están entregados al reposo; el otro es aquel en que las facultades intelectuales están trabajando mientras el cuerpo duerme, es decir el acto de soñar. Y para esta duplicidad perfectamente discriminada de funciones nuestro idioma solo posee una palabra: sueño .

Otros idiomas hacen esta diferencia. En alemán se dice shalaf al acto de dormir y traum al de soñar cuando se duerme. En ingles se dice sleep a lo primero y dream a lo segunodo. En francés, reve expresa la función del sueño y sommeil la de dormir. En casterllano podrían usarse la palabra sueño y ensueño para diferencias a ambas, pero siendo sinónimos las dos voces, tendremos que da igual interpretación a una y a otra.

El cerebro, donde tienen asiento las facultades intelectuales, es la fuente de los sueños. En estado de completa salud da origen a los ensueños originados ya en las imágenes de durante la vigilia le han impresionado, ya en las sensaciones producidas por la natural o accidental afección de los nervios, o por el tipo mismo del temperamento.

La interpretación de los sueños ha sido desde la antigüedad mas remota uno de los signos de adivinación mas empleados. Todos los pueblos, asi los antiguos como los modernos,han buscad y buscan en los misterios de los sueños las revelaciones del porvenir.

Todo aquel que conozca el oráculo de Salomón, sabe de donde y de quien precede la tabla antigua más completa de sueños; no obstante, mucho antes de que naciesen los tesoros de la sabiduría salomónica, la interpretación de los sueños era una práctica tan usada e importante entre los egipcios, que los sacerdotes dividían si autoridad entre dos jefes llamados, Jannes y Mambres. El primero, encargado de explicar los sueños, y el segundo, de comprobar y verificar los prodigios. Unos y otros escribían y coleccionaban la interpretación de los sueños, este archivo formaba un cuerpo de ciencia y doctrina que abarcaba los conocimientos de varias generaciones de sacerdotes. De la misma manera, observaban el curso de los astros y cuanto pudiera relacionarse y tener alguna influencia sobre el fenómeno de los sueños.

Largo monótono y hasta inútil por demasiado conocido sería seguir a través de los tiempos de la Historia de los Sueños; de su verdad dan testimonio, además de los sueños del faraón interpretados por José, el sueño de Nabucodonosor; el de Alejandro; el de Escipión; el de Sócrates, en los sueños de Calpurnia, mujer de Cesar, precursores y anunciadores de la grandeza que esperaba a su marido; el de Médicis, que le advierte el asesinato de Enrique IV, y otros no menos famosos, que sería muy largo de enumerar.

Los antiguos poetas consideraban al Sueño, Hermano de la Muerte, ambos hijos de la noche y del Erebo, el infierno pagano. Homero le asigna como residencia la isla de Lemmos, en el Mar Egeo, donde existía un laberinto casi famoso como el del minotauro en la de Creta. Luciano, otro poeta, imaginó una isla de ensueños donde habitaban todos, teniendo al sueño por ley. Al llegar la noche vuelan,se extienden sobre las ciudades y sobre los campos, penetran en palacios y chozas, poblándolos de visiones felices y de pesadillas.

En Grecia, sus prácticas e interpretaciones eran simultáneas con las de los dos oráculos, y llegaron a ser verdaderas instituciones nacionales. Asimismo en Roma, donde los colegios de augures y arúspides tuvieron verdadera influencia en los destinos de la república, basta con citar nombre como los del profeta Daniel, de Eurípides el filósofo, de Apomazar, de Artemidoro de Daldia (autor de un famoso tradado sobre la materia), de Jerónimo Cardan, del famosísimo Pico de la Mirándola, del Gran Rutilius, de Areman, de doctor Agrippa, cuyo tratado De Oculta Philosophia aún hoy se consulta.

Esto hechos no hacen más que demostrar la importancia que se fue dando a la interpretación de los sueños tanto desde el punto de vista de la tradición, como desde el de la ciencia a través de los tiempos.


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