La historia de la quiniela en Argentina

 

Parte de nuestra cultura

La quiniela es el juego de azar preferido de los argentinos que ha sabido superar los avatares más intrincados de la economía. A pesar de haber recibido los coletazos de diversas crisis, su nivel de ventas nunca disminuyó. Por más pozos millonarios, premios asegurados y segundas chances que se ofrezcan por ahí, la quiniela sigue siendo el juego predilecto de los argentinos. Más aún, es un fenómeno que ha alcanzado tal arraigo popular que puede compararse con otros íconos representativos de nuestra cultura: el asado, el tango o el dulce de leche.

Sobre sus orígenes

Existen diferentes versiones sobre su origen. Algunas sugieren que este juego se fue gestando en las orillas argentinas y uruguayas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX (año 1900) influenciado por las corrientes de inmigrantes provenientes principalmente de Italia y España. Otra versión, un poco más precisa, asegura que su creador fue un comerciante vasco de la ciudad de Rosario, allá por el 1900, llamado Domingo Irigoyen, quien poseía un negocio en el centro de la ciudad en donde recibía las apuestas. En sus inicios este juego, por supuesto ilegal, consistía en apostar a la unidad o a la decena (una o dos cifras) de los números que salían sorteados en la lotería (único juego oficial en ese momento) de la entonces Lotería de Beneficencia Nacional. Los premios obtenidos podían ser en efectivo, en especie u otros tipos de beneficios. En cuanto al origen del nombre “Quiniela”, algunos sostienen que proviene de la palabra latina “quintus” que significa cinco (5), seguramente porque utilizaba para su funcionamiento el extracto de la lotería que siempre se manejó con cinco cifras.

De la ilegalidad a la oficialización

La quiniela fue una actividad ilegal, comúnmente denominada “clandestina”, durante años. Fuera de la regulación del Estado, fue calando hondo en la cultura de los argentinos convirtiéndose en una práctica social ampliamente extendida. “Por un billete de lotería que se vende, hay diez anotados para una quiniela…” decía Roberto Arlt por aquellos años en los que la quiniela ilegal tomaba la delantera en cuanto a la preferencia popular relegando a la lotería oficial a un segundo plano. Su éxito no parecía ser muy difícil de explicar, para realizar una jugada no se necesitaban más que un par de centavos lo que permitía que hasta los sectores más populares pudieran tener la chance de jugar su número. Otro punto a favor es la comodidad para jugar, la quiniela se puede jugar en todos lados: un bar, una despensa, en el puesto de revistas, en la calle incluso en el mismo hogar a través del pasador de quinielas.

Tal era la cotidianeidad de esta actividad que naturalmente fueron surgiendo motes y sobrenombres a las personas que intervenían en la “quinela”. En principio tanto a los jugadores, como a los intermediarios (quien recibe las apuestas) y los capitalistas (organizador) se los denominó “quinieleros”. Luego, para diferenciar a aquel intermediario encargado de “levantar” las apuestas del resto de los personajes, se le dio el sobrenombre de “levantador o pasador de quiniela”. Los pasadores también fueron llamados “faberianos” (por el lápiz marca Faber), “lapiceros” o “biromeros” debido a la utilización de un lápiz o birome al levantar la apuesta.

A medida que crecía el juego ilegal, también crecía la necesidad del Estado de contener y combatir esta actividad considerada siempre una labor marginal. La primera lotería provincial en la Argentina en oficializar este juego fue la Lotería de la Provincia Tucumán allá por el año 1959, dando el puntapié inicial para la legalización del juego en todo el país. Más tarde la provincia de Formosa hizo lo propio promediando el año 1966. Durante los años siguientes las demás provincias siguieron el ejemplo. En el ámbito Nacional, la quiniela fue oficializada a través del decreto Nº 878 recién en el año 1973 en donde se definió el marco legal en el ámbito Federal de la República Argentina. El primer sorteo de la Quiniela Nacional fue el 20 de julio de 1974 y durante mucho tiempo sólo sorteaba los días sábados.

La quiniela en la actualidad

En los días que corren existen innumerables cantidad de sorteos y todas las provincias han desarrollado organismos de loterías que se encargan de organizar sus propios sorteos. Incluso cada provincia puede adherirse a los sorteos que se organizan en otras jurisdicciones. Así un jugador salteño, al momento de realizar una apuesta, puede elegir entre los extractos de la tómbola salteña, la quiniela nacional o la bonaerense. O bien un apostador santafesino puede elegir entre los extractos de la quiniela de oro uruguaya, la quiniela nacional o la misma quiniela de Santa Fe.

Los diferentes convenios entre las loterías provinciales en conjunto con las diferentes modalidades de cada quiniela (Matutina, Vespertina, Extra, etc.), ponen en manos del apostador un amplio abanico de posibilidades y oportunidades para jugar cada día. Y aún hay más. Muchas jurisdicciones poseen las quinielas instantáneas, una modalidad en donde en el mismo momento en el que se realiza la apuesta, se genera aleatoriamente un extracto por lo que no es necesario esperar ningún sorteo.

Hoy en día nadie duda en jugar aquel número que ha soñado, la terminación de tal documento, la fecha de nacimiento de un familiar, el día que ha fallecido un personaje famoso, etc.; todo, absolutamente todo lo que sucede en nuestra vida se puede trasladar a la quiniela. Una apuesta de unos pocos pesos nos puede dar la esperanza de resolver, por más pequeña que sea nuestra ganancia, algunos de nuestros problemas cotidianos. Esto último quizás sea uno de los secretos que hizo de la quiniela, un juego popular y atrapante, y sin dudas, una parte innegable de nuestra identidad cultural.

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